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BUENOS AIRES TIENE ESE SWINGPRÁCTICAS DE SWING CON HAPPY-FEET
-------------------------------------------------------------- Ni piercings, ni tatuajes, ni
música electrónica. Ser rebelde, hoy, es bailar jazz tradicional.
Al menos, para un grupo de jóvenes que se calza pantalones de tiro
muy alto y organiza las fiestas Lindy Hop.
Es raro, pero hoy tener tatuajes, piercings, el pelo de colores ya no es ser rebelde o diferente...¡ser diferente es escuchar Jazz Tradicional!", anuncia. El pimer grupo de swing que escuchó en su vida fue Cherry Poppin' Daddies. "Creo que a mí como a todos los que bailamos hace un tiempo, lo primero que nos pego fue el Neo Swing – cuenta-. Específicamente, el video de Zoot Suit Riot, que rotaba en MTV. Cuando lo ví, quedé enganchado automáticamente. Conseguí el CD, lo escuché entero y dije '¡Quiero a aprender a bailar esto ya!'. Pero hoy en día no cambio a Duke Ellington o a Count Basie por nada en el mundo. Por otro lado, hubo una película que también nos influenció muchísimo. El título en inglés es Swing Kids, y acá la tradujeron como Los Últimos Rebeldes. Es la historia de unos jóvenes que escuchaban Jazz (música de negros) en la época de la Alemania Nazi. Además de tener un argumento interesante, tiene buenas escenas de baile y una banda de sonido inmejorable". El fenómeno swing en Buenos Aires es comparable (en escala, lógicamente) al de las milongas. Es un revival, donde la sangre joven y entusiasta abreva en los sonidos (y en los movimientos) de la tradición. Claro que las ofertas, son bien distintas: "Para ir a bailar tango tenés miles de lugares, para bailar salsa o rock también. Pero para bailar Swing no había", relata Juani.
Aunque muchos van a bailar con la misma ropa con la que irían a un boliche, muchos eligen lookearse con ropa de época. Pantalones de tiro alto (¡Muy alto!) y tiradores para ellos. Polleras o pantalones de tiro (¡También muy alto!) para ellas. La mayoría de las tiendas “especializadas” ofrece prendas ligadas a estéticas similares: rockabilly o garage. La solución, entonces, es recorrer ferias americanas, o bien recurrir a alguna vieja modista de barrio. “A los más fanáticos nos gusta la ropa de época, porque genera muy buenos efectos visuales en el baile”, dice Juani. Y agrega: “También pueden aparecer boinas o sombreros, que están muy buenos, pero complican el baile”. Los zapatos son los clásicos combinados, en negro y blanco, similares a los que usan los tangueros, con la diferencia de que éstos tienen el taco más bajo. Juani La pareja también participó en el histórico ciclo Jazzología, que desde hace 21 años se realiza en el Centro Cultural San Martín . “Fue genial. Nosotros solemos ir seguido al ciclo, a ver a las bandas de Jazz que nos gustan. Fue una gran satisfacción participar en un evento tan importante como la celebración de los 20 años del ciclo, el año pasado, con tanta gente como espectadora y compartiendo el escenario con músicos tan reconocidos. Es muy lindo estar en el escenario de un lugar donde nosotros fuimos tantas veces espectadores”, aseguran. Si bien todavía no existe un circuito como el de las milongas, o la salsa, con ofertas para bailar todos los días de la semana, los bailarines porteños de swing están intentando generarlo. Serán unas quinientas personas que, de a poco, van contagiando su pasión y su destreza en el arte de bailar esa vieja magia negra.
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